mis gotas maravillosas que espantaban al insomnio de una manera casi mágica, por alguna razón.. hoy no quieren funcionar. y me planteo tantas cosas mientras obligo a mis ojos a adivinar figuras en la oscuridad de mi cuarto... que es preferible bajar a esperar que den un programa que valga la pena. esperar escribiendo.
12.43 am.
hoy -dícese para entendimiento cronológico "mañana"- estaré de vuelta en la vida normal. no necesitaré entonces aquellas gotas que inducían a mi cuerpo a querer soñar, por que el cansancio de respirar los humos, de escuchar a un mundo entero, y de caminar; bastarán para dejar en el olvido esas gotillas que de tanto me han servido.
para qué soñar? le creía Freud una vez, pero entrar en años me hace ver que puedo amasar mi propia teoría, y darle forma con el pasar de los días...
de todas maneras, quién quiere gatos obesos molestando en cada anochecer?
mejor me levanto y pongo los pies en la tierra, y doy pasos como recién aprendidos; si esa es la única forma de ser yo otravez.
mientras divagaba y contaba cuadros de madera del techo de mi cubículo del sueño -y para mí, no sé si para ustedes, de inspiración y mil recuerdos- decidí que una cama inflable me daría tanta felicidad. cambiar mi cama de madera por una como aquellas que se usan en los paseos, de esas que se inflan con aire. para levantarme tan sólo rodaría hasta que mis pies encontrasen el suelo, y para ver por la ventana sería necesario pararme de puntillas y apoyar mi cabeza en la cortina de bamboo que aún conserva ese olor a bosque -por el que me gusta creer que anduvo alguna vez un oso panda- y que no deja pasar el viento, mas si el ruido del perro del vecino.
la inflable probablemente ocuparía gran espacio de mi pequeño cuarto, pero sería feliz en ella.
sería diferente, talvez un día de aquellos, lo haga.
nunca es tarde. talvez la hora de dormir sobre algo que se sienta lo más cercano posible a flotar, ha llegado. quién sabe.
y esto pasa cuando no duermo: empiezo a divagar extraño.
